Llevo tres días sin sentirme triste y sin ganas de llorar, incluso creo que por algunos momentos me he sentido alegre o algo que se le parece -hace tanto que no me siento de esa manera que creo que ya lo olvidé. Deseo tanto que esto siga así. Ya no quiero estar triste, ya me cansé de estar triste. Es realmente agotador. Tengo miedo de que pase algo y rompa con el frágil equilibrio mental de estos momentos. He estado un poco ansiosa, preocupada por algunas cosas que han pasado, por eso temo que la calma de estos últimos días se desmorone, y llegue otra vez la desolación.
Hoy por la tarde, por ejemplo, sentí que una ola de melancolía se acercaba. Tomé mi cabeza entre las manos y la sacudí con fuerza para alejarla, suplicando que no llegara. Afortunadamente pareció funcionar. ¿Y si puedo controlar mis emociones más de lo que imagino? ¿y si el trastorno no lo determina todo y cede ante la racionalización de los sentimientos? No lo sé... sólo sé que después de mucho, estos últimos tres días me he sentido mejor, y que ruego porque continúe así.
lunes, 29 de marzo de 2010
miércoles, 24 de marzo de 2010
Gama de sentimientos
Hace varios días que no escribo. No es por falta de cosas que decir, sino por falta de ánimo. Esa es la verdad, el desgano se ha impuesto en estos días...
La ultima vez escribí a cerca de los ciclos ultradianos. No fue por mero capricho. Fue porque esa es justamente la manera en que ciclo: de forma ultra rápida. Los cambios en mi estado de ánimo varían en cuestión de días y hasta horas. En un día puedo pasar de la ansiedad, al nerviosismo, a la tristeza, al llanto en cuestión de horas.
La semana anterior, con todo, predominó la tristeza y el llanto, pero estos últimos días he experimentado breves momentos en los que me he sentido bien, con ánimo y más esperanza. Parece que el cambio de carbamezapina a lamotrigina (estabilizadores del humor) ha ayudado un poco a tener, aunque sea, de forma corta, momentos de ligera mejoría. El doctor dice que por lo menos hay que esperar un mes para ver buenos resultados. Una vez más, sólo me queda respirar hondo y tener mucha paciencia.
Ciclar de esta manera en un día no es nada fácil. Puede ser muy agotador. Especialmente la angustia y ansiedad concentrads en unas horas, para después de ahí pasar a una especie de calma indiferente a la vida, y de pronto unos cuantos destellos donde la energía vuelve y otra vez dan ganas de vivir, para de ahí quizás saltar al llanto o a un miedo intenso. Es realmente una verdadera montaña rusa de 24 horas.
domingo, 14 de marzo de 2010
Ciclos ultradianos
En una forma maligna de los ciclos rápidos, denominados ciclos ultradianos (o ciclos ultrarápidos) los pacientes están crónicamente deprimidos. Sin embargo, en un examen minucioso se observa que experimentan multiples recurrencias de mania y depresión en un lapso que va de horas a días. Por ejemplo, un paciente puede despertar sintiéndose emocionalmente paralizado e incapaz de levantarse de la cama. Varias horas después se siente con tanta energía que le es imposible permanecer sentado; poco después, el paciente se hunde, de forma súbita en una desesperación suicida. Durante cierto tiempo el paciente se siente relativamente bien, pero de pronto se enfurece ante las críticas y siente alucinaciones imperativas. La aceleración de pensamiento no le permite dormir, pero una vez lo consigue, duerme durante 14 horas y al día siguiente se encuentra exhausto.
En lugar de presentar fluctuaciones de estado de ánimo inespecíficas, el paciente experimenta recurrencias distitnas pero muy breves de depresión bipolar, hipomanía disfórica, una combinación de síntomas depresivos e hipomaniacos y un estado psicótico con gran energía, con eutimia pasajera interepisódica o cambios súbitos de un extremo a otro. Akiskal (1991) denomina “estado mixto seudounipolar prolongado” con una fluctuación considerable en la intensidad y en los tipos de síntomas predominanates. Los estados de ánimo lábiles y el comportamiento del paciente con ciclos ultradianos se suelen confundir con las manifestaciones de un trastorno de límite de personalidad (Akiskal 1996). Las oscilaciones del estado de ánimo en tales estados parecen aleatorias y desorganizadas, pero pueden ser descritas por un patron de la teoría del caos.
No está claro si la aparición de ciclos ultradianos es una forma deteriorizada de ciclos rápidos o si se trata de un cuadro diferente. Sin embargo, no hay pruebas de que los ciclos ultradianos sea un subtipo bipolar distitnto (Kilzieh y Akiskal, 2000). La investigación realizada en pacientes con ciclos ultradianos sugiere que incluso son más refractarios al tratamiento que los ciclos rápidos diagnosticados tradicionalmente. No existen estudios prospectivos que apoyen la afirmación de que la precipitación de la mania mediante antidepresivos venga seguida de ciclos ultradianos, sino que éstos, al igual que los ciclos ultradianos se agrava con los antidepresivos, en lugar de mejorar (Akiskal, 1991; J.Scott, 1998).
-Hales and Yudofsky, Tratado de psiquiatría clínca, 2005-
miércoles, 10 de marzo de 2010
Todo en un día
Aquí vamos para abajo otra vez. ¿Cuándo será el día que pueda escribir que me siento feliz? A veces me asusta pensar que ese día no llegue jamás.
Me he dado cuenta que durante el día mi estado de ánimo cambia mucho.
Hoy, por ejemplo, por la mañana no me puedo levantar, de pronto como a las 11:30 siento como la energía va entrando por los poros de mi piel y me empiezo a sentir mucho más animada. Se aceleran mis pensamientos y empiezo a caminar con rapidez por la casa. Me preparo para irme. A las 12:30 estoy en el coche rumbo a una reunión. Voy manejando y me voy sintiendo bien. No estoy por completo contenta, pero voy bien.
Llego a donde tengo llegar. Hablamos durante dos horas. Las cosas salen muy bien, casi como siempre. Sin embargo, yo no siento ninguna emoción al respecto. La verdad, no encuentro demasiado sentido en lo que hago, pero al fin y al cabo, lo hago. Porque es lo que tengo que hacer.
Regreso. Bajo por Reforma y voy bien. Oyendo el radio. Me detengo a comprar unas cosas. Todavía siento algo de adrenalina en mi cuerpo, que me mantiene alerta. Llego a mi casa, y me pongo a hablar por teléfono. Hago varias llamadas, y eso me acelera más y mi mente empieza pensar más rápido. Recibo una llamada. A... quiere pasar a la casa. Le digo que iba a salir, pero que lo espero, y no llega. Esto es la debacle. El mundo se pone de cabeza de nuevo.
Ya no puedo hacer lo que había pensado y me vi obligada a quedarme en mi casa. Yo sabía que tenia que salir, que necesitaba irme... Empiezo a vivir los 45 minutos más infernales del día. Todo se desacelera. El cuarto se hace enorme y me atrapa. Regresan las ganas de llorar, la falta de energía y la tristeza. Vuelve el sin sentido.
Un instante bastó para pasar de la excitación arrebatada, donde las palabras fluían por todas partes, y las ideas se arremolinaban en mi mente a la sensación de desaliento, sin foco alguno, sólo sumida en la tristeza.
Por suerte en 10 minutos más tengo que salir otra vez. Espero recuperar algo del buen ánimo del día. Pero no sé... no me siento con ganas de hacerlo de nuevo.
Ya no puedo vivir así... Los vuelcos que da mi cerebro cuando algo se sale de control me dejan agotada, como entumecida, y sobre todo muy desconcertada, con ganas de salir corriendo y desaparecer.
Me he dado cuenta que durante el día mi estado de ánimo cambia mucho.
Hoy, por ejemplo, por la mañana no me puedo levantar, de pronto como a las 11:30 siento como la energía va entrando por los poros de mi piel y me empiezo a sentir mucho más animada. Se aceleran mis pensamientos y empiezo a caminar con rapidez por la casa. Me preparo para irme. A las 12:30 estoy en el coche rumbo a una reunión. Voy manejando y me voy sintiendo bien. No estoy por completo contenta, pero voy bien.
Llego a donde tengo llegar. Hablamos durante dos horas. Las cosas salen muy bien, casi como siempre. Sin embargo, yo no siento ninguna emoción al respecto. La verdad, no encuentro demasiado sentido en lo que hago, pero al fin y al cabo, lo hago. Porque es lo que tengo que hacer.
Regreso. Bajo por Reforma y voy bien. Oyendo el radio. Me detengo a comprar unas cosas. Todavía siento algo de adrenalina en mi cuerpo, que me mantiene alerta. Llego a mi casa, y me pongo a hablar por teléfono. Hago varias llamadas, y eso me acelera más y mi mente empieza pensar más rápido. Recibo una llamada. A... quiere pasar a la casa. Le digo que iba a salir, pero que lo espero, y no llega. Esto es la debacle. El mundo se pone de cabeza de nuevo.
Ya no puedo hacer lo que había pensado y me vi obligada a quedarme en mi casa. Yo sabía que tenia que salir, que necesitaba irme... Empiezo a vivir los 45 minutos más infernales del día. Todo se desacelera. El cuarto se hace enorme y me atrapa. Regresan las ganas de llorar, la falta de energía y la tristeza. Vuelve el sin sentido.
Un instante bastó para pasar de la excitación arrebatada, donde las palabras fluían por todas partes, y las ideas se arremolinaban en mi mente a la sensación de desaliento, sin foco alguno, sólo sumida en la tristeza.
Por suerte en 10 minutos más tengo que salir otra vez. Espero recuperar algo del buen ánimo del día. Pero no sé... no me siento con ganas de hacerlo de nuevo.
Ya no puedo vivir así... Los vuelcos que da mi cerebro cuando algo se sale de control me dejan agotada, como entumecida, y sobre todo muy desconcertada, con ganas de salir corriendo y desaparecer.
viernes, 5 de marzo de 2010
domingo, 28 de febrero de 2010
Ciclos y tristeza
Hoy me siento triste. Ayer me sentí triste. Antes de ayer me sentí triste... La sensación de ligereza de la semana pasada se diluyó... No hubo un evento en particular que generara la tristeza. Sólo así, de pronto volví a llorar. Cuando llega la tristeza, regresa de nuevo el sentimiento de desolación. Si he de decir, no es la desesperación desgarradora de hace unos meses, no es la vida al borde del abismo, pero si es un velo de abatimiento que me dificulta levantarme por las mañanas. Habiendo días en que me escondo debajo de las sábanas para no tener que enfrentarme a mí misma y a los demás. Así esto. De arriba a abajo, de abajo a arriba.
El jueves vi al Dr. Ortega y hablamos de lo que había pasado en la semana. Desafortunadamente, como había empezado mi periodo no pudimos definir si esta modificación en el estado de ánimo se debió a un cambio en los ciclos o a los efectos del periodo mismo. Sin embargo, me dijo que si para el sábado seguía igual, entonces estábamos hablando de que el trastorno estaba manifestándose. Todo parece indicar que fue esto último. Pues hoy es domingo y yo me sigo sintiendo triste.
Se retrasó una semana más la definición del tipo de ciclaje que tengo: la variación con la que se dan los cambios de ánimo. Habrá que esperar hasta la próxima cita. La definición del ciclaje nos va a permitir modificar el tratamiento. Con sorpresa me entero que nada de lo que estuve tomando durante un año era lo adecuado. No más carbamezapina, no más duloxetina, las cuales interactuan de forma antagónica en el cerébro y hacen "corto circuito". ¡Dios! ¡Un año tomando los medicamentos incorrectos! Un año perdido. Aquí voy de nuevo, esperanzada en que esta vez sí vayamos por el buen camino. ¿Qué más puede hacer uno sino confiar en el médico?
Por lo pronto, yo estoy triste otra vez, con ese miedo al mundo que se asoma de vez en cuando, y que hago todo lo que está en mis manos por vencer. Así, todos los días racionalizando, y obligándome a no ver cosas malas donde las hay. Aferrándome a todo aquello que me mantiene cuerda y a aquellos chispazos de alegría a lo largo de la semana (como el lindo correo electrónico que recibí hoy del que hablaré la próxima vez). Aferrándome a la barra de seguridad del carrito de la montaña rusa.
El jueves vi al Dr. Ortega y hablamos de lo que había pasado en la semana. Desafortunadamente, como había empezado mi periodo no pudimos definir si esta modificación en el estado de ánimo se debió a un cambio en los ciclos o a los efectos del periodo mismo. Sin embargo, me dijo que si para el sábado seguía igual, entonces estábamos hablando de que el trastorno estaba manifestándose. Todo parece indicar que fue esto último. Pues hoy es domingo y yo me sigo sintiendo triste.
Se retrasó una semana más la definición del tipo de ciclaje que tengo: la variación con la que se dan los cambios de ánimo. Habrá que esperar hasta la próxima cita. La definición del ciclaje nos va a permitir modificar el tratamiento. Con sorpresa me entero que nada de lo que estuve tomando durante un año era lo adecuado. No más carbamezapina, no más duloxetina, las cuales interactuan de forma antagónica en el cerébro y hacen "corto circuito". ¡Dios! ¡Un año tomando los medicamentos incorrectos! Un año perdido. Aquí voy de nuevo, esperanzada en que esta vez sí vayamos por el buen camino. ¿Qué más puede hacer uno sino confiar en el médico?
Por lo pronto, yo estoy triste otra vez, con ese miedo al mundo que se asoma de vez en cuando, y que hago todo lo que está en mis manos por vencer. Así, todos los días racionalizando, y obligándome a no ver cosas malas donde las hay. Aferrándome a todo aquello que me mantiene cuerda y a aquellos chispazos de alegría a lo largo de la semana (como el lindo correo electrónico que recibí hoy del que hablaré la próxima vez). Aferrándome a la barra de seguridad del carrito de la montaña rusa.
lunes, 22 de febrero de 2010
Experimentando con Seroquel
La última vez mencioné el Seroquel. El Seroquel o quetiapina es un atipsicótico atípico o de segunda generación. La quetiapina está indicada para el tratamiento de la esquizofrenia, en cuyo caso se utilizan altas dosis del medicamento, esta siendo utilizado para el Trastorno Límite de Personalidad, así como para el tratamiento de episodios maniacos agudos asociados con el trastorno bipolar tipo I y como monoterapia o como terapia combinada con el litio o divalproex. Actúa sobre la serotonina y la dopamina. Actúan como antagonistas bloqueando sus efectos y producen un estado de tranquilidad e indiferencia inmediatas. Además tiene efectos antidepresivos.
Yo llevo tres meses tomando Seroquel. A veces ni yo misma entiendo los efectos del medicamento. No es que los problemas desaparezcan. Esos no se van, ahí se quedan. Lo que cambia un poco es la manera de percibirlos. La semana pasada era como si gravitara, como si nada de lo que estaba alrededor me tocara. Veía mi amigo A... contándome de forma abrumada todos los problemas que le aquejaban, y lo único que se me ocurría era ponerme a cantar, y decirle que no había nada de que preocuparse. Yo me sentía levitar. Esta sensación de tranquilidad, sin embargo, no aparece desde el principio. Se necesita teimpo. La mayoría de los siquiatras empiezan con dosis muy pequeñas, hasta ir llegando a la más adecuada. Yo empecé en noviembre con 50mg de Seroquel, apenas hace unos días llegué a 450mg, y creo que apenas he empezado a sentir alguna diferencia.
Es tan difícil de explicar esto. La gente no entiende la necesidad de tomar dos o tres pastillas diarias para mantener un estado de ánimo equilibrado. Si tienes que tomar medicamentos es porque eres débil, porque no tienes la suficiente fuerza de voluntad para enfrentar los problemas. Hay que echarle ganas, te dicen ¿Echarle ganas? A poco uno se quita una alergia, echándole ganas, o combates la diabetes echándole ganas. La gente no entiende que las medicinas están para hacernos la vida más fácil, y en algunos casos para salvárnosla.
La medicina tampoco es magia, no son pastillas de la felicidad. Tardan tiempo en hacer efecto, y hay que probar muchas combinaciones, es un ejercicio de prueba y error. Y a veces cuando parece que ya llegamos al punto adecuado, siempre hay la posibilidad de recaer, que la enfermedad sea más fuerte que todo lo demás, y haya que volver a empezar.
Yo llevo tres meses tomando Seroquel. A veces ni yo misma entiendo los efectos del medicamento. No es que los problemas desaparezcan. Esos no se van, ahí se quedan. Lo que cambia un poco es la manera de percibirlos. La semana pasada era como si gravitara, como si nada de lo que estaba alrededor me tocara. Veía mi amigo A... contándome de forma abrumada todos los problemas que le aquejaban, y lo único que se me ocurría era ponerme a cantar, y decirle que no había nada de que preocuparse. Yo me sentía levitar. Esta sensación de tranquilidad, sin embargo, no aparece desde el principio. Se necesita teimpo. La mayoría de los siquiatras empiezan con dosis muy pequeñas, hasta ir llegando a la más adecuada. Yo empecé en noviembre con 50mg de Seroquel, apenas hace unos días llegué a 450mg, y creo que apenas he empezado a sentir alguna diferencia.
Es tan difícil de explicar esto. La gente no entiende la necesidad de tomar dos o tres pastillas diarias para mantener un estado de ánimo equilibrado. Si tienes que tomar medicamentos es porque eres débil, porque no tienes la suficiente fuerza de voluntad para enfrentar los problemas. Hay que echarle ganas, te dicen ¿Echarle ganas? A poco uno se quita una alergia, echándole ganas, o combates la diabetes echándole ganas. La gente no entiende que las medicinas están para hacernos la vida más fácil, y en algunos casos para salvárnosla.
La medicina tampoco es magia, no son pastillas de la felicidad. Tardan tiempo en hacer efecto, y hay que probar muchas combinaciones, es un ejercicio de prueba y error. Y a veces cuando parece que ya llegamos al punto adecuado, siempre hay la posibilidad de recaer, que la enfermedad sea más fuerte que todo lo demás, y haya que volver a empezar.
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